Complicado se está tornando el escenario para los ingenieros forestales en nuestro país. A pesar de que Chile es un lider forestal en latinoamérica y compite con los grandes del mercado, el mercado laboral los cotiza cada vez menos, su campo lo están ocupando cada vez más profesionales de otros rubros y sus sueldos se han estancado. Para cambiar esta realidad, algunas modificaciones en la enseñanza se están evaluando.
El año pasado, la interior de la Facultad de Ciencias Silvoagropecuarias de la Universidad Mayor se vivió una singular polémica. Muchos querían cambiar el nombre a la carrera de Ingeniería Forestal, para que tuviera una denominación que reflejara mejor el tipo de profesional que hoy demanda el mercado. Al final, triunfaron quienes querían que el nombre tradicional se mantuviera.
Esta situación es una pequeña muestra que refleja lo difícil que se ha puesto el entorno para esta profesión. Tanto en lo académico como en lo laboral, el campo no está fácil para quienes desean desarrollarse profesionalmente en el mundo de los bosques y la madera.
Hoy, cada vez menos jóvenes postulan a la carrera a lo largo del país. Un estudio del sitio web Futuro Laboral.cl, por ejemplo, la considera una carrera “saturada”, donde la oferta de profesionales es mayor que la demanda, lo que se traduce en que han disminuido las posibilidades de encontrar trabajo a poco de egresar y las remuneraciones de los profesionales han disminuido con e tiempo o se han estancado.
Es que las actividades que siempre fueron quehacer propio de un forestal, incluso aquellas que suenan tan obvias de su ámbito, como adminsitra un plan de manejo de una plantación, hoy las desempeñan ingenieros civiles y/o industriales. Así mismo, en un campo que el ingeniero forestal conoce y domina, como es el tema ambiental y los recursos naturales la competencia con técnicos e ingenieros ambientales se ha tornado intensa, por lo que se reducen los espacios donde los forestales pueden trabajar.
El diagnóstico, ampliamente aceptado por los sectores a los que involucra, apenas difiere en matices. Como lo explica Julio Torres, secretario ejecutivo del Colegio de Ingenieros Forestales A.G., en general, “los ingenieros forestales han visto reducido su accionar profesional a costa del crecimiento de otras carreras relacionadas a veces escasamente, con la gestión de los recursos naturales. Esta disminución no ha sido adecuadamente enfrentada a nivel de las universidades y del gremio, quienes debieramos ser los más interesados en hacerlo”.
Desde el sector privado, Osvaldo Cirano, gerente de Recursos Humanos de Forestal Arauco, comenta que la disminución de la rentabilidad en el negocio forestal ha implicado que muchas empresas grandes y medianas hayn tenido que salirse del negocio. Además, la proiedad del patrimonio forestal se ha concentrado en menos empresas, y por ello es que hay menor demanda por ingenieros forestales. “Hoy en día existe un desequilibrio importante entre la oferta y la demanda de ingenieros forestales, debido a la mayor oferta proveniente de las universidades privadas”.
Punto de quiebre
Christian Vidal, ingeniero forestal y administrador forestal maderero, (NdR N° 1: en realidad del Foro Forestal Maderero), es también profesor de la cátedra de Entomología Forestal en la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Talca. (NdR N°2: y de Defensa Forestal en la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Católica del Maule). Él considera que el sector forestal tiene un antes y un después del Decreto Ley 701, el cual marca el comienzo del boom de la industria en Chile. Esta primera fase duró unos 20 años e implicó que aumentara la demanda por profesionales, que pudieran manejar las áreas que se iban reforestando con plantaciones. Fue así como llegaron a existir, a mediados de los 90, más de diez carreras en Chile.
Con el tiempo, la forestación, la cosecha, el transporte y la elaboración de la madera requirieron de más técnica, debido a que el modelo de negocios privilegió orientarse a la exportación, requiriendo de productos de alta calidad, en el menor tiempo posible y en grandes cantidades, para alcanzar un nivel de rentabilidad satisfactorio a los intereses empresariales. De esta manera, la carrera de ingeniero forestal se veía con un futuro prometedor, con las consiguientes expectativas de buenos sueldos y desarrollo profesional.
Pero la técnica adquirida o aprendida hizo invetivable que se requirieran menos personas para la administración predial, la cosecha y la elaboración de productos de madera. “Esto en cierto modo, redundó en que poco a poco se necesmuhitara menos personal, ingenieros, técnicos y obreros dedicados a las faenas, y si a eso le agregamos que con el tiempo muchas empresas comenzaron a externalizar sus servicios, el panorama poco a poco se puso complejo. Pese a ello, seguían, ingresando a la carrera hasta mediados de 1990 una media de más de 800 alumnos al año, en contraste con las 280 vacantes que se ofrecen para este año”, (NdR N°3: Admisión 2009), comenta Vidal (Ed.- Yo).
En la práctica, la menor contratación de profesionales por parte de las empresas y los sueldos de las instituciones públicas, que no suelen ser los más altos del mercado, ha llevado a los ingenieros forestales a buscar distintas labores. Así, por ejemplo, algunos profesionales se han destacado en la gestión ambiental de empresas mineras o en actividades de comercialización, y otros en silvicultura urbana y gestión de la vegetación municipal.
Julio Torres agrega que “existe una deuda con todos los aspectos relacionados con la gestión ambiental de los recursos hídricos, tanto públicos como privados, así como una serie de labores asociadas a la conservación de los recursos, en los que los ingenieros forestales deberían liderar los equipos profesionales. Sin embargo, ello no ocurre”.
Una realidad con la cual los profesionales de distintos ámbitos deben lidiar, es la creciente especialización de conocimientos y la creación de subnichos ocupacionales. En el caso los foresales, ello a causado una virtual separación de las actividades de conservación y de producción de recursos naturales. Así, esto queda asociado a una división de las competencias y áreas en la que se deben desenvolver los profesionales que trabajan con dichos recursos.
“Esto es un error, alimentado por la falsa premisa de que conservación y producción van por líneas separadas. Se tiende a asociar al ingeniero forestal a un productor de madera, y a un biólogo (por poner sólo un ejemplo) a un profesional que sí se preocupa de los recursos. Es necesario revertir esta percepción y destacar que por más de 40 años han sido los ingenieros forestales los que han tenido un decidido compromiso con la conservación de los ecosistemas y que están capacitados para la gestión integrada de los recursos”, afirma Torres.
Formación académica
Cabe preguntarse qué resposabiliad tienen las universidades como entidades formadoras de prefesionales, es decir, si están respondiendo efectivamente a la demanda real del mercado laboral y a sus planteamientos en cuanto a desafíos y necesidades de las empresas. En ello hay polémica, pues según Osvaldo Cirano, “las universidades no han evolucionado de acuerdo con los requerimientos del mercado. Las mallas curriculares no han variado respecto de lo que se ofrecía hace 20 años atrás. Además, tienen poco contacto con la empresa privada”.
En ese sentido –agrega el ejecutivo-, “si las universidades dispusieran no sólo de información curricular de sus alumnos, sino también de información relativa a los intereses profesionales y expecativas de trabajo, y qe tales datos estuvieran disponibles para las empresas, sería un gran paso para acercarse al mundo empresarial. Las bolsas de trabajo que consideran estos aspectos también son mucho más valoradas por el mercado”.
Julio Torres opina que la formación ha cambiado principalmente en aspectos técnicos, incorporando las nuevas temáticas como bioenergía, los servicios ambientales, el desarrollo forestal rural y la gestión social de los bosques. Sin embargo, dice que no se ha visto un avance en aspectos no técnicos, asociados a la situación laboral del ingeniero forestal una vez que salen de la universidad. Por ello, sostiene que las empresas del sector forestal han perdido el compromiso con los profesionales del ramo, y de la misma manera las universidades se han ido distanciando del mundo empresarial privado. Sólo así se explicaría, desde su punto de vista, “la contratación de tantos ingenieros de otras áreas para temas perfectamente abordables por los forestales y con un mayor compromiso”.
El dirigente gremial cree que las empresas debieran asumir un compromiso por contratar más ingenieros forestales, pues si no, serán ellas las que resultarán perjudicadas por una contracción excesiva de la formación forestal en el mediano y largo plazo. “Tendrán que, en un caso muy extremo, importar profesionales y ahí se darán cuenta de que los ingenieros forestales chilenos son de alta calidad”.
Javier González, decano de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile, no comparte esta visión de mundos incomunicados. Por el contrario, señala que debe haber siempre retroalimentación permanente con el mundo laboral y que han logrado una importante retroalimentación de parte de los egresados de esa escuela, que hou ocupan cargos de gerencias, subgerencias, jefaturas de área y otros. A partir de estos contactos se han planteado incorporar ajustes al plan académico. “En los países más desarrollados, los currículums se actualizan a lo menos cada tres años. Nosotros esperamos a partir de 2009 y en adelante, tener una actualzación más dinámica”, dice.
Pero, ¿Qué diferencias tienes los ingenieros forestales en comparación con los civiles e industriales, profesionales altamente cotizados por el mercado laboral? Según Vidal, la diferencia va en los énfasis en las asignaturas de gestión y administración, que también se enseña a los forestales, pero no son precisamente reconocidos por ello y tampoco se difunde mucho esta capacidad. “Por lo tanto, es una percepción generalizada y por cierto de opción, que la carrera debe formar profesionales especialistas en bosques, no administradores o gestores de negocios, al menos a nivel de pregrado. Sí tal vez como especialización, como lo han hecho muchos colegas en el tiempo”.
Algo, sin embargo se está avanzando. El decano Gonzáles cuenta que hace tres años la facultad que el dirige trabaja en el diseño e implementación de un “currículo por competencias”, con lo cual se busca asociar la formación del ingeniero forestal a los requerimientos reales del mercado. En este contexto, crearon la Corporación de Egresados de la Facultad de Ciencias Forestales y la Fundación Bosque y Medio Ambiente, instituciones a través de las cuales se intenta corregir la formación tradicional para tener una mayor vinculación con los requisitos del mercado. “El currículo por competencias asegura ciertas habilidades en concimientos, gestión, interrelación y trabajo en grupo que permiten la adecuada labor del profesional en el mundo actual; entre otros el dominio del inglés es imprescindible”, comenta.
No obstante, el desface que existe entre el mundo académico y el mundo del trabajo parece ser algo natural, por más comunicación que pueda existir entre los formadores de trabajadores, en este caso las universidades y sus eventuales empleadores futuros, la empresa o el Estado. Los avances tecnológicos y nuevas miradas organizacionales, suelen requerir de un periodo de maduración antes de incorporarse a los planes académicos, lo que resulta una paradoja, pues debiese ser exactamente al revés, según comentan algunas fuentes.
Pese a ello, nuestro país es visto desde afuera como en la vanguardia de la enseñanza forestal. Así incluso lo ratificó la FAO a fines del año pasado, luego de firmar dos acuerdos con la Universidad de Concepción, comprometiéndose a apoyar y fortalecer la enseñanza de las ciencias forestales en Latinoamérica y el Caribe.
Ampliar las competencias
Si el escenario cambió, probablemente también debiese modificarse el paradigma. Aquel ingeniero forestal que tenía los conocimientos clave para sentar las bases del espectacular desarrollo que alcanzaría la industria en las décadas siguientes, puede que hoy requiera de otros conocimientos y competencias, y un perfil más acorde con los nuevos desafíos que enfrentan las empresas e instituciones ligadas al sector. Si el primero vivió y forjó el boom forestal de Chile, el otro debe sobrevivir en lo que queda del mismo o bien forjar uno nuevo, que podría tener sus bases en otro decreto de fomento forestal, como el anunciado a principios de este año por la Presidenta de la República, en el marco de una serie de medidas para estimular el empleo y la economía (se modificó el artículo 15 del Decreto Ley N°2565, de 1979, que reemplaza el Decreto Ley N° 701 sobre fomento forestal, con el objeto de ampliar las actividades sujetas a los incentivos de forestación. (NdR N°4: en realidad es un aumento transitorio del monto total de las bonificaciones, el reemplazante del DL 701, aún no tiene fecha de salida)). Además nuevas perspectivas laborales surgen a partir de la reciente Ley del Bosque Nativo.
A pesar de esto, hoy claramente son exigibles en forma transversal, competencias que antes parecían más compartimentadas, como señala Osvaldo Cirano: “el ingeniero forestal del futuro debe fortalecer su conocimiento respecto del manejo de los recursos humanos, la responsabilidad social, la prevención de riesgos centrada en el autocuidado y los procesos de certificación, y profundizar sus conocimientos en los temas ambientales”.
Para Julio Torres, el “nuevo” ingeniero forestal debe imponer su labor a la sociedad y lograr que esta perciba la importancia que tiene el profesional fuera del bosque. “En este sentido, la sustentabilidad del desarrollo, no sólo es ambiental, también social y económica, y, en ese escenario, el ingeniero forestal está perfectamente capacitado para ser protagonista de nuevos esquemas de desarrollo, que reflejen la real importancia que tiene el medio ambiente y la adecuada gestión del recurso vegetal en el futuro inmediato”.
Vidal sostiene que, en términos técnicos, la diferencia entre lo que el ingeniero forestal tenia que saber antes y hoy es abismante, pues si bien lo que se enseña en la actualidad mantiene una raíz común, hoy la formación apunta más a la optimización de la producción que al establecimiento de bosques, sobre lo cual se cuenta con mucho conocimiento.
“Cada vez es más importante el dominio de otras competencias, como un segundo idioma, habilidades sociales que permitan la adecuada comunicación entre los actores o los distintos mundos que componen el campo laboral actual y futuro de los colegas, el mundo empresarial y el mundo académico, entre otros, todos los cuales manejan distintos códigos paa comunicarse”, dice el académico de la U. de Talca.
Además las empresas, los organismos e instituciones forestales del Estado también son un campo donde estos profesionales pueden desempeñarse. En muchos de estos casos, a parte de los conocimientos de silvicultura clásicos, también se necesita mucha experticia estadística para los continuos ensayos e investigaciones que realizan, y habilidades sociales para cumplir eficazmente el rol de apoyo e interlocución con los pequeños propietarios forestales.
El profesonal se prepara para el mercado sea este público o privado”, afirma González, quien dice que están haciendo un esfuerzo para entregar un profesional con más competencias en labores ligadas al medio ambiente. “No hay que olvidar que la creación de gerencias en este ámbito es relativamete reciente, no más de cinco años. También han influido en ello los procesos de certificación que ha realizado la mayor parte de las empresas”.
Para él, los campos con más futuro son la gestión, la informática y la bioinfornática, bioenergía, biocombustibles, biotecnología en general, la forestería urbana y el cambio climático. Con ello, los ingenieros forestales podrán desempeñarse exitosamente en servicios asesorías en temas de los bonos de carbono y los productos no madereros, incluyendo el turismo.
“También estamos en la senda de que nuestro profesional no egrese sólo para empleado y tenga una mayor fortaleza en la autogestión, sea capaz de generar su propia empresa, ya sea de servicios o productiva”, dice.
Con nuevas competencias y un entorno laboral y más exigente, los ingenieros forestales tienen muchos desafíos pendientes y futuros por superar. No basta con demostrar que son expertos en plantar, cuidar y cortar árboles. La sociedad debe tener claridad que se trata de profesionales especialistas en compatibilizar el desarrollo industrial con la preservación ambiental. También pueden ser actores relevantes en el urbanismo y paisajismo de las ciudades y, sin duda tienen una gran responsabilidad en impulsar el fomento productivo del bosque nativo, aprvechando la nueva ley que después de años de discusión parlamentaria, finalmente pudo ver la luz.
¿Suficiente con cambiar de nombre?
Darle una nueva denominación a los profesionales del mundo forestal es algo que viene rondando hace tiempo en algunos círculos. Como se señaló, la propuesta fue debatida en la Universidad Mayor, optando finalmente por mantener el tradicional nombre de ingeniería forestal. Y en la propia Universidad de Chile, donde está la más antigua de las escuelas forestales, la idea tienen mucho asidero.
“Nosotros estamos empeñados en cambiar el nombre de la Facultad para darle la denominación de lo que realmente estamos haciendo: Ciencias Forestales y Medio Ambiente. Chile posee 15 millones de hectáreas de bosques, tiene casi 30 millones de hectáreas de aptitud forestal, sus parques nacionales forestales van de Chungará a las Torres del Paine, los bosques protegen el recurso agua y suelo, y tienen una muy amplia variedad de vida sivestre. En fin, la relación entre bosque y medio ambiente es más que evidente y sólo criterios sin amplitud no lo entienden”, dice el decano de la Facultad de Ciencias Forestales de la U. de Chile, Javier González.
Sin embargo, no todos están de acuerdo con iniciativas de este tipo. Es que ven poco probable que se cree un ambiente más favorable para la ocupación de los ingenieros forestales, mediante un cambio de nombre.
“Me causa gracia qie se piense que con un cambio de nombre las cosas mejora. Lo que se requiere es un cambio de énfasis en las carreras que están quedando y las que van a quedar, no sé cuales, pero creo que de las cinco o seis que están quedando en la actualidad, en los próximos años inevitablemente al menos dos de ellas saldrán del mercado. Entonces, a las restantes les resta mirar y escuchar a la sociedad, para ver qué tipo de servicios perciben que les otorgan los ingenieros forestales y qué esperan de ellos. Sólo así responderemos a las expectativas de la sociedad a la cual servimos y, de paso, a las aspiraciones laborales de los futuros colegas”, comenta Christian Vidal, docente de la Universidad de Talca.
Fuente: http://gaf.utalca.cl/bymas/